Santa Quiteria

* Datos sobre su vida

El dato más antiguo del que disponemos sobre la Santa lo encontramos en las actas del Concilio de Toledo, el año 589, proclamando su Santidad por haber sufrido el martirio. Algunas de las informaciones sobre Santa Quiteria las podemos encontrar gracias a la variada, y múltiple literatura existente sobre Santa Librada, una de sus ocho hermanas.

Según señala el Leccionario del siglo XII el lugar de su nacimiento es: Balcagia. Este mismo dato queda reseñado por el Breviario de Toledo.

El padre Minguela, Obispo que fue de Sigüenza, señala en su obra que la Santa es de origen español; y el Obispo de Tuy, D. Ildefonso Galaz Torrero, publica un edicto en 1688, en el que ordena se celebre la fiesta de las nueve hermanas, y establece que:

“Con rito doble en toda la diócesis, de la cual ha descubierto que son naturales, y lo declara por las presentes letras” .

Se cree que la ciudad de Balcagia estaba enclavada en el lugar donde hoy lo está la ciudad de Bayona la Real, provincia de Pontevedra. El Breviario de Toledo al señalar la ciudad de Balcagia, como lugar del nacimiento de la Santa, indica que dicha ciudad está enclavada “no lejos de la ciudad de Tuy”.


Los padres de la Santa fueron: Lucio Catelio Severo y Calsia. Ambos pertenecientes a la alta sociedad romana. El padre era excónsul de Roma, y gobernaba en nombre del Emperador el noroeste de la Península Ibérica; la madre descendiente de la familia del Emperador Juliano.

Era el año 122, cuando Lucio Catelio Severo es destinado a la provincia tarraconense. Encontrándose su esposa Calsia en avanzado estado de gestación decide que permanezca en Bayona, siendo atendida por una señora mayor y de absoluta confianza, llamada Sila, persona clave en la vida de estas santas.

En la narración sobre el parto se entremezclan las diferentes valoraciones: para unos como algo “portentoso” y para otros “pura leyenda”.

Se dice que Calsia dio a luz nueve hijas en un mismo parto, y que avergonzada ante tal evento, creyendo ser obra diabólica, decide no comunicárselo a su esposo ante el temor de ser acusada de infidelidad. Calsia tomará la resolución de ahogarlas a todas, encargando que dicha acción criminal sea ejecutada por Sila, que como cristiana, no cumplió lo ordenado. Sila entregó las niñas a otras tantas madres cristianas, que las criaron y las educaron en la religión cristiana.

Los nombres con los que fueron bautizadas, son los siguientes: “Ginebra (Genivera), Basilisa, Germana, Victoria (Rita), Marina, Eufemia, Quiteria, Marciana, y Librada”.

Sobre el parto múltiple hay bastantes opiniones. Los hay que afirman que debe ser tenido “por milagroso”, o hecho sucedido “por disposición divina”, mientras que en el Leccionario del siglo XVII se narra el “fecundo e inaudito parto” como hecho natural. El Padre Minguela muestra su extrañeza diciendo, que a pesar que de hecho tan portentoso ocurrido en el siglo II no hay conocimiento del mismo hasta el siglo XII, el escritor no lo inventó; sino que lo tomó indudablemente de escritos y tradiciones más antiguas. No obstante, el Padre Minguela recoge la opinión a este respecto del arqueólogo D. Aureliano Fernández Guerra, que dice:

“Se llaman nacidas de un solo y único parto, como que por inmersión en una misma fuente de salud, y a un mismo tiempo, recibieron las aguas del bautismo naciendo a la vida de la gracia, que es la verdadera vida”.


Otro erudito, Juan Antonio Martínez Gómez-Gordo, señala las pocas posibilidades de supervivencia de las nueve hermanas en aquella época, en caso de un parto múltiple de estas características. Y abundando en dicha explicación: el Canónigo Deán de la Catedral de Sigüenza, D. Gregorio Sánchez Doncel, explica que el término “Natalicio” se usa en el oracional romano para indicar el día en que tuvo lugar el martirio. La Iglesia celebra la festividad de los santos el día de su muerte o martirio, excepto claras excepciones, como el nacimiento de Jesús, el de la Virgen y San Juan Bautista. Las fiestas de los santos se celebran el día de su martirio o muerte, “dies natalis”, el día que nacieron para el cielo. Puede darse que la traducción de este término haya llevado a más de uno a una falsa interpretación.

Así este término “natalicio” bien podría referirse al día de la muerte y no del nacimiento de las hermanas.

La mayor parte de la bibliografía existente, usada para esclarecer el parto múltiple y su posible explicación, está escrita en relación con Santa Librada, una de las nueve hermanas de nuestra Santa. La ciudad de Sigüenza tuvo gran interés hace unos años, siendo Obispo de la misma D. Lorenzo Bererciartua, en esclarecer la historicidad de Santa Librada, ya que durante siglos se la tuvo como copatrona de la Catedral, hasta que dicho Obispo la quitó.

Las nueve hermanas, al ser cristianas, fueron martirizadas por ser consideradas un peligro para el Estado del Imperio Romano, y al mismo tiempo una deshonra para los padres, pertenecientes ambos a la alta sociedad del Imperio. Al igual que la vergüenza de la madre, para el padre de Quiteria y sus ocho hermanas, Lucio Catelio, que era representante supremo del Emperador, y que en más de alguna ocasión habría ordenado ejecuciones de cristianos, el hecho de que sus nueve hijas fueran de la religión cristiana, le contrariaba. El enemigo, pues, lo tenía en su propia casa.

Sobre el martirio de Santa Quiteria basado en un folleto escrito en el año 1923 por D. Basilio Moraya Sánchez de la Nieta, que dice ser copia resumen del Breviario de Toledo de 1898, tenemos los siguientes datos:

El martirio de la santa se localiza en un pueblecito del Arzobispado de Toledo, a seis kilómetros de Los Yébenes, llamado Marjaliza. A la salida del pueblo existe un jardín que se cree está enclavado en el mismo lugar donde fue martirizada la Santa, al lado de una fuente.

Con la intención de valorar su virginidad se afirma que su padre la había preparado un buen matrimonio, al que ella rehusó. Actitud que obliga al padre a encarcelarla; y estando en cautividad recibe la visita de la Virgen María, que entregándole un anillo, le asegura que conservaría su virginidad, al mismo tiempo que la promete: “Que los molestados por la rabia y del furor e invocasen su patrocinio recuperarían su salud”.

Una vez que María hubo desaparecido, no sin antes haberla encomendado a la fiel custodia de un Ángel, se vio milagrosamente fuera de la prisión huyendo lejos del alcance de su padre. La Santa suplica al Ángel que no le falte el agua a lo largo de su camino. A lo que el Ángel responde: “donde quisieras beber hallarás una fuente que no se agotará jamás y será bendita”.


Este dato no deja de resultar simpático, pudiendo afirmar que su petición se sigue cumpliendo hasta el día de hoy, pues es difícil que falte el chaparrón durante los días de su fiesta.

Siendo alcanzada por mensajeros de su padre la convencen para que regrese a Palacio; la Santa obedece, pero siendo forzada a contraer matrimonio con el joven Germano, rico y noble, huye nuevamente; siendo conducida por el Ángel al Valle de Eufrasia, conocido hoy por Marjaliza, donde reinaba Eumano (Ludisvan).

En su huida se encuentra con un pastorcito al que ruega, al mismo tiempo que se esconde en el hueco de un árbol, que no la delate. El Pastorcito promete cumplir lo que aquella joven le suplica.

Enojado el padre por la testarudez de su hija avisa a Germano para que la persiga y se vengue. Al pasar junto al pastor le pregunta: si ha visto por allí a una doncella, el muchacho, al mismo tiempo que lo niega, le indica con un gesto el lugar donde la Santa se encuentra escondida. Germano, acercándose al árbol, y llamando a Dámaso, le ordena que le corte la cabeza. Tras ser degollada, Quiteria tomó la cabeza en sus propias manos y anduvo con ellas hasta Aufragia, donde paró y fue sepultada por los cristianos.

El primer milagro realizado por Dios por mediación de la Santa: es la curación del Pastorcito que la había delatado. Ya que sus perros, al lamer la sangre derramada de la Santa rabiaron y le mordieron; produciéndole varias heridas, que al lavárselas en la fuente quedaron curadas.

Los restos de la Virgen, jamás fueron encontrados. Estos hechos ocurrieron allá por los años 139 de nuestra era.

Esta historia hace que cobre importancia la existencia del nacimiento de agua medicinal conocido como la Santa, en la localidad de Mora de Santa Quiteria, al relacionarse con los hechos acontecidos a la Santa y patrona de esta localidad. Aunque no haya datos exactos sobre si la Virgen estuvo, o pasó por esta localidad y bendijo este nacimiento, las leyendas que sobre este nacimiento, sí lo confirman, al constatarse existencia real del nacimiento y unas termas, al que los enfermos de rabia y otras infecciones acudían para sanar.

Sobre el martirio de las restantes hermanas hay algunos datos, en los que todos coinciden que todas sufrieron martirio en defensa denodada de su virginidad.

(Recopilación biográfica realizada por Pedro Martínez)

* Sobre los orígenes del culto a Santa Quiteria en España y Huete en particular

La moderna crítica hagiográfica  tiene por incierta la época en que vivió Santa Quiteria. Según la tradición más generalizada fue hija de un noble hispanoluso de religión pagana; habiendo recibido el bautismo, entró en deseos de abrazar la vida religiosa y al ser conminada por su padre a unirse en matrimonio contrariando su voluntad,  abandonó la casa paterna y pasando los Pirineos se refugió en la villa de Aire, donde fue alcanzada por su progenitor y decapitada por conservar su pureza.


Estandarte de Santa Quiteria en la iglesia de Aire sur l´Adour

La antigua historiografía lusitana señala a las ciudades de Braga y Pombeiro como lugares respectivos del nacimiento y martirio de la Santa aunque más de un  “Flos sanctorum” del siglo XVI en cambio, la naturaliza en la propia villa de Aire.

Su devoción y culto se retrotrae a la alta Edad Media desarrollándose en dos zonas geográficas: la diócesis de Braga, en Portugal y la de Adour en Francia.

Una tradición más antigua obtuvo aquella devoción en la otra parte de los Pirineos, donde la circunstancia de conservar el cuerpo de la santa, hacía de la villa de Aire-sur-l´Adour un foco permanente de la propagación que recibió su mayor impulso con la fundación de la abadía benedictina de Santa Quiteria del Mas, debida aun conde de Gascuña en el siglo XI. Desde entonces la tumba de la santa gozó de la doble condición de todo sepulcro religioso: de un lado, era un centro difusor de la devoción por medio de limosneros y cofrades que extenderían la vida y milagros de su heroína por el mediodía de Francia; y de otra, un lugar de peregrinación para implorar su protección y ayuda.


Sepulcro paleocristiano de Santa Quiteria en Aire-sur- l´Adour

Este doble y constante movimiento se vería intensificado durante los siglos XIV y XV, que se distinguieron por una rara actividad viajera, para visitar los más célebres lugares de peregrinación: Santiago, Roma, los Santos Lugares. Favorecería no poco la introducción en la península de la devoción a Santa Quiteria del Mas, el hecho de hallarse la villa de Aire-sur- l´Adour comprendida en uno de los itinerarios del camino de Santiago o “iter francorum”: el que conducía de Lyon a Pamplona, que se unía en Ostabat con los procedentes de Tours y Limoges. La ruta Le Puy-Moissac-Aire-Ostabat era aprovechada por multitud de peregrinos para ganar la península con objeto de dirigirse bien a Santiago, bien a Roma o Jerusalen, pasando en este último caso por Zaragoza, Lérida o Barcelona. (Datos extraídos de El Monasterio de San Hilario y la devoción medieval a Santa Quiteria de Antonio Mª. Arago Cabañas. Lérida 1954).


Portada de la iglesia de Santa Quiteria en Aire sur l´Adour


Fuente de Santa Quiteria en Aire sur l´Adour


Imagen de Santa Quiteria en en Aire sur l´Adour

Las antiguas referencias al culto de Santa Quiteria en siglo XI y XII en lugares como Loarre, Zubiri, Uncastilo, Biscarrues, Bolea o Alquezar, parecen poner de manifiesto una pronta penetración y arraigo del culto a Santa Quiteria en estas tierras del norte peninsular, estrechamente relacionadas con el Camino de Santiago y cuyo origen se situaría en el santuario francés de Aire –sur-l´Adour. A partir de aquí, la progresiva extensión de los territorios cristianos contribuiría notablemente a la propagación del culto a la Santa hacia el sur de la península, momento en el que debió llegar a Huete; a este respecto señalar la presencia a principios del siglo XII de Alfonso I el Batallador ocupando el castillo de Huete y su tierra con un ejército de aragoneses.

Las únicas referencias a este culto primitivo a Santa Quiteria en la ciudad las proporciona Juan Julio Amor Calzas quien indica la fundación del convento de La Merced sobre terrenos en los que estaba la ermita de Santa Quiteria, pasando la imagen y, consecuentemente, su culto a la de San Gil en 1272, ermita que, según este mismo autor, había sido construida en 1232.

El  culto a la Santa sería, pues, de estos años siendo, posiblemente, uno más en el devocionario de sus vecinos. Otro hecho más relevante y, que también está por estudiar, es el momento en el que Santa Quiteria pasa a ser patrona del barrio de San Gil y su culto sobreponerse al del propio santo titular de la ermita.


Niños sobre las andas de Santa Quiteria. Con este gesto, se pone de manifiesto su pertenencia al barrio de San Gil y al culto de la santa

* Imágenes de la Santa Quiteria

A lo largo del tiempo varias han sido las imágenes de Santa Quiteria que ha tenido el barrio de San Gil, quedando documentación fotográfica de dos de ellas además, evidentemente, de la actual.


Imagen de Santa Quiteria. Siglos XVIII – XIX. Posiblemente la que donó D. Julián Antonio de Alique en 1798


Imagen de Santa Quiteria. Últimos años del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX


Retablo de Santa Quiteria. 1897


Imagen actual de Santa Quiteria


Retablo actual de Santa Quiteria en la ermita de San Gil

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