Sus calles

* Calle de Las monjas y el convento de franciscanas de Santa Clara o de La Misericordia

El origen del nombre Las Monjas para denominar la antigua calle que discurre actualmente entre la Carrera de Santa Quiteria y la actual carretera de Carrascosa a Sacedón formando ángulo con la calle Nueva, hay que buscarlo en relación con el desaparecido convento de Santa Clara que se encontraba al final de la misma, apenas separado por un camino. Esta disposición urbana puede verse claramente en el plano de la ciudad de Huete realizado en el siglo XVIII por Tomás López, donde se hace una representación de la primitiva calle de las Monjas y este monasterio. Se trata pues, de un topónimo estrechamente vinculado con el convento de las Clarisas o deLa Misericordia, nombre este último con el que también se le conocía por su procedencia.


Detalle del mapa de la ciudad de Huete en el siglo XVIII, en él puede verse una representación de la primitiva calle de las Monjas, la Chopera y el convento de Santa Clara

Su fundación tiene lugar cuando los religiosos franciscanos volvieron a tomar posesión del antiguo convento de San Francisco en los primeros años del siglo XVI y pidieron al Concejo de la Ciudad de Huete la ermita con el antiguo sitio, despoblado y edificios que se encontraban muy próximos a su convento, ya que les pareció un lugar adecuado para una nueva fundación. En esta ermita y en algunos edificios menores contiguos a ella había fundada una Cofradía integrada por gente importante del la ciudad, con el título dela Misericordia.Estaermita, según señalaban algunas viejas referencias, había sido antiguamente un pequeño hospital.

Hacía 1503 les concedió la ciudad, una vez que lo hizo la Cofradía, este lugar y edificios, aunque pasarían aun varios años sin tomar posesión de él ya que consta documentalmente que en el año 1511 aun continuaba en dicha ermita la referida Hermandad de la Misericordia.

Finalmente, el día 14 de diciembre de 1520, pasaron del Real Monasterio de Santa Clara de Alcocer cuatro religiosas fundadoras: la principal y Prelada se llamaba Doña Catalina de Sandoval, con otras dos hermanas suyas llamadas Doña María de Sandoval y una cuarta de la cual se ignora su nombre.

De todo ello se desprende que la fundación del Monasterio de Santa Clara de la Ciudad de Huete se realizó entre el año 1511 y 1520, aunque, como se ve, fue ocupado y poblado efectivamente en 1520.

Este pequeño convento de clarisas no debió ser nunca muy numeroso pero lo que si se conoce es que de él salieron algunas de sus componentes a repoblar nuevos monasterios como así sucedió en 1604 cuando fueron nombradas dos religiosas del monasterio de Santa Clara de la Ciudad de Huete, para que pasasen, como lo hicieron, al recién construido de San José de Alcázar (Alcázar de San Juan que entonces pertenecía a la provincia franciscana de Cartagena). De estas dos religiosas, la una se llamaba Sor Doña María Pacheco, y pasó como Abadesa y Sor Doña Catalina Sandoval y Portocarrero como Vicaria. Sólo dos años y no cumplidos, estuvieron estas dos religiosas en el nuevo monasterio, porque se volvieron al suyo de Huete pasando en su lugar otras dos religiosas de esta misma Casa a ocupar los cargos que dejaron las antecesoras. Por Abadesa fue la madre Sor Doña Jerónima de San Pedro y por Vicaria la madre Sor Doña María de Santa Clara y dela Torredonde permanecieron hasta su muerte.

La ocupación del convento continuaría a lo largo del siglo XVIII y así es señalado por Ponz en el “Viaje de España” donde, al hablar de los conventos de Huete, en la carta sexta indica que hay “dos de monjas”, eran los de San Lorenzo Justiniano y Santa Clara.

Su permanencia en la Ciudad de Huete concluiría de forma abrupta a finales de 1835 como consecuencia del Real Decreto aprobado el 11 de Octubre de 1835 por el cual se suprimían los conventos de las órdenes monacales, la conocida como Desamortización de Mendizábal. Las monjas existentes en él pasarían en 1836, al convento de Priego. Un año después, en mayo de 1837,la JuntaDiocesanade Regulares acordaría que, junto con las trinitarias deLa Roday las franciscanas y dominicas de Belmonte, ocuparan un único convento en esta última localidad, donde nuevamente se instalarían.

Tras el abandono del convento comienza su deterioro y ya en 1904, apenas si había algunos restos, como señalaba Juan Julio Amor Calzas al escribir sobre los antiguos conventos optenses en sus “Curiosidades Históricas”.


Restos de pared del antiguo convento de Santa Clara

Hoy, unos mínimos restos continúan aun visibles en los sillares y sillarejos de arenisca toscamente labradas que conforman el muro exterior, junto a la carretera, del Hostal del Duque como único recuerdo del que durante trescientos años fue el convento de Santa Clara de la Ciudad de Huete.


La calle de las Monjas en la actualidad

* Calle y travesía de Zacatín

Casi en el centro del barrio de San Gil y muy próximas su ermita, se encuentran la calle de ZACATIN y la travesía de ZACATIN, pequeños pasajes que conservan el que es, sin duda, uno de los nombres más sonoros, bellos, antiguos y evocadores del callejero de la ciudad de Huete.

La primera, arranca en la calle del Caño y desemboca, descendiendo por una cuesta no muy pronunciada, en el comienzo de la travesía de Zacatín. Es muy pequeña, hoy apenas si quedan diez casas, todas a la derecha según bajamos por ella; alguna, ya muy vieja, hundida, pero que conserva en un último gesto de pervivencia su número azul en un azulejo blanco y cuyas ruinas nos dan una idea de cómo fueron. Casas humildes de mampostería y cal en sus fachadas, de escasos huecos al exterior y simple distribución interior de sus dependencias en planta y piso con un pequeño corral adosado, como todavía puede verse en alguna de las pocas que aún quedan en pie en el barrio.


Calle Zacatín en la actualidad

La travesía de ZACATIN inicia su recorrido en la pequeña placita formada por convergencia de las calles del Chorro, La Cruz, Santa Ana y ésta misma -donde en otro tiempo hubo una de las primeras fuentes de hierro fundido de la ciudad-, para ir a desembocar en la del Olmillo. La travesía es corta, de ligeras pendientes hacia sus extremos y en ella apenas quedan, como siempre hubo, algunas casas, corrales y traseras, siendo, quizá, lo más significativo de los tiempos recientes la existencia allí del horno de Modesto donde se abastecía de pan todo el vecindario.


Travesía de Zacatín desde la calle del Olmillo

Tanto una como otra, siempre han sido habitadas por un reducido número de vecinos dado su escaso trayecto, como puede verse hoy y hace cien años en los censos electorales de finales del siglo XIX y en el primer tercio del XX : 7 electores en 1892, 8 en 1893, 9 en 1897, 9 hombres y una mujer en 1928 y 11 en 1930, todos ellos de profesiones humildes: labradores, jornaleros, braceros – los más abundantes-, pastor, un barbero y un industrial, con apellidos muy presentes en el barrio como Calle, Carrasco, Pato, Bonilla, Cézar, por señalar algunos ellos.

Pero ¿cuál es el significado de la palabra zacatín? En una inmediata consulta al diccionario puede obtenerse la siguiente definición: plaza o calle donde en algunos pueblos se venden ropas”. Así pues, en una aproximación muy simplista podría decirse que en la calle Zacatín, en algún momento, posiblemente en su origen, se vendían ropas o se mercadeaba con ellas. Si se profundiza un poco más en este topónimo puede concretarse que el término es una palabra de origen árabe (al – Saqqatin) cuyo significado acota aún más este primer significado ya que su uso parece designar a un tipo de comercio textil concreto: el de los baratilleros o ropavejeros en cuya actividad estaría el origen de las calles que llevan este nombre, entre ellas la nuestra, de la cuales, quizá la más destacada sea la de Granada, en pleno casco histórico de la ciudad junto a la catedral, aunque también se encuentra en otras poblaciones andaluzas como Antequera en Málaga o Alcalála Real y Alcalá de Guadaira en Sevilla y otras más cercanas a Huete como Valera de Abajo, también en Cuenca e Illana en Guadalajara.


Antiguos números de la calle

Placa de la calle Zacatín

La antigua y larga presencia musulmana en la ciudad de Huete arranca en los primeros años de la conquista del territorio en el siglo VIII y va a continuar hasta la expulsión definitiva de los moriscos en 1610 llevando a cabo actividades mercantiles, artesanales y agrícolas de las que todavía hoy queda su recuerdo, como es el caso que nos ocupa y cuyo origen, quizá habría que buscar en el asentamiento en la zona de población morisca granadina llegada tras su sublevación de las Alpujarras quienes continuaron practicando aquí sus tradicionales actividades mercantiles, artesanales y hortícolas en oficios como la albañilería, la carpintería, la preparación textil (tejedores, tundidores o tinteros) y sobre todo la arriería (trajineros y arrieros), actividades todas ellas, espacialmente la mercantil, que encajarían perfectamente en el marco de este topónimo, aunque, como sucede con una gran parte de la historia de nuestra ciudad, este tema también está por estudiarse.

* Calle Pozo de nieve

En la parte más alta del cerrote de Santa Ana y adaptándose a su relieve, se encuentra la calle Pozo de Nieve o Pozo de la Nieve, al final de la cual se levantan las distintas dependencias de las Escuelas. En este cerro había dos construcciones singulares hoy desaparecidas: la ermita de Santa Ana y el pozo de la nieve, de donde toma su nombre esta calle.


Casa en la calle Pozo de la Nieve

Pero ¿cómo era, para qué se utilizaba y qué función tenía un pozo de nieve?

El pozo de nieve era una excavación de forma generalmente cilíndrica o troncocónica, con unas dimensiones un tanto variables que oscilaban entre los 6 y 15 metros de profundidad y entre los 5 y 8 metros de diámetro, que, si no estaban excavados en la roca, eran revestidos interiormente con ladrillos o, más habitualmente, de mampostería. El pozo se cerraba en el exterior con una cubierta de palos o tejas, en unos casos, o con una cúpula o falsa cúpula también de mampostería en otros; en esta parte aérea se abrían uno o varios huecos para carga y luz del interior. En el fondo, se practicaba un pequeño desaguadero que no era sino un pequeño pocillo para recoger y verter el agua producida por la fusión del hielo.

Su función era muy simple recoger y conservar la nieve del invierno y transformarla en hielo para su posterior consumo y uso en el verano.

Para ello, al llegar el otoño, comenzaban los preparativos para almacenar la nieve en el pozo, se limpiaba y se acondicionaba el fondo con paja o gavillas de sarmientos para que sirviera de aislante. Una vez comenzadas las nieves está era recogida limpia y transportada con carros o caballerías al pozo donde se iba echando apisonándola y rociándola con agua para su mayor compactación y aislándola lateralmente con paja larga y tablas que lo cerrara y aislara lo más posible.

Llegados los meses de calor en la primavera y el verano, comenzaba su extracción por parte del propietario o arrendador del pozo que utilizaba el hielo así formado para su distribución en la ciudad a los bares y otros locales de bebidas para su refresco o a los particulares y otros comercios para la conservación de los alimentos y fabricación de helados.

Este tipo de construcciones tienen su origen remoto en Mesopotamia ya en el 3.000 a. d. C. aunque serán los romanos los que generalizarán este procedimiento. El pozo de nieve y su explotación como tal se mantendría sin variación es hasta la aparición de las primeras máquinas para la fabricación industrial de hielo en los últimos años del siglo XIX.

El pozo de nieve del cerro de Santa Ana se encontraba en un lugar indeterminado hoy ocupado por las escuelas, y sus ruinas aun han sido vistas por los vecinos del barrio que lo recuerdan como de poca profundidad y revestido de mampostería. Era de propiedad municipal quien lo arrendaba anualmente para su explotación comercial, como queda ampliamente recogido en la documentación existente en el Archivo Municipal, especialmente, en la del siglo XVIII.

Todavía hoy pueden verse pozos de nieve en las cercanías de Huete, concretamente en las inmediaciones de los Baños de la Isabela en Sacedón, donde se conservan uno en magníficas condiciones, y otro junto el río Gigüela en las proximidades de la ciudad romana de Segóbriga en Saelices.

* Cambio de nombres de algunas calles del barrio de San Gil

La Corporación municipal en sesión del 5 de febrero de 1933 acuerda el cambio de nombre de algunas calles de la ciudad, entre ellas dos del barrio de San Gil. Serán, la Calle Nueva que pasará a llamarse Del 14 de abril y la de la Carrera que se transformará en 1º de Mayo.

Unos años más tarde, en 1936, se acordaría, entre otros, el cambio de nombre de la calle de Las Monjas por el de Capitán de Infantería D. Fermín Jalón y Rodríguez.